Como acompañar los berrinches.
Cuando el bebé va creciendo se producen cambios y junto a ello momentos de mayor autonomía y también los conocidos berrinches.
Estos episodios incómodos e incomprensibles que hace el niño, se debe entre otras cosas, al desarrollo de su motricidad que le da libertad de elegir donde moverse y que hacer sin depender del adulto cuidador como en los primeros meses de vida.
El niño hace una escena, se tira al piso, grita, patalea y llora porque partiste la banana a la mitad y él la quería entera o abriste un paquete de galletas antes que él quisiera y el caos se apodera de la situación pareciendo que nunca llegará a su fin.
En el momento que el bebé comienza a caminar, ha descubierto su habilidad para arreglárselas sólo y moverse sin la asistencia del adulto, esto implica un cambio importante en la vida familiar ya que éste, querrá descubrir todo lo que está a su alrededor y para eso usará sus competencias motrices que ha explorado, practicado y perfeccionado.
Entre el primer y el segundo año de vida, su habilidad motriz crece sustancialmente y esto hace que la marcha (caminar) la domine perfectamente e inclusive corra con seguridad y firmeza.
Al entrar al segundo año, tiene la suficiente capacidad para caminar, correr, deslizarse, trepar, bajar, rodar, saltar, balancearse sin dificultad, otorgándole libertad y confianza para elegir y tomar decisiones. Todo lo tocará y lo pasará por sus sentidos incluyendo la boca, para saber de qué se trata y que uso tiene. Las modificaciones que a veces le sugieres podrán cambian sus planes en ese momento y desatar la pataleta.
Esta es la forma que tiene de expresar su frustración, porque aún no posee la capacidad de nombrar con palabras lo que siente cuando su deseo no se cumple: “partir la banana, no ir dentro del carrito del súper, seguir levantado, no bañarse cuando el adulto lo propone, etc.”.
Es útil colocar palabras a las emociones que manifiesta: veo que querías la banana entera, mamá no se dio cuenta, estás enojado por eso puedo ofrecerte: otra banana, media manzana, un objeto que quiera.
La presencia y el interés del adulto contribuyen a la regulación emocional del niño, es por eso que si te sentís abrumada y que no podes con la situación es súper importante que pidas la posta o un relevo con otro cuidador para descansar, pensar o simplemente tomar un momento propio y volver cuando estés renovada.
Te dejo algunas formas que pueden ayudarte a sobrellevar situaciones fuera de control:
Mantener la calma y pensar antes de pasar a la acción, si estás calmada, eso le trasmites a tu hijo, si estás nerviosa, también.
Ofrécele alternativas a su deseo, dos máximos, para que pueda decidir.
Decile que estás allí para él, no te vayas, no lo ignores como si no estuviera, recuerda que sos su lugar seguro y se sentirá desprotegido si le sugieres que te vas.
Recurrí a palabras claras, cortas y pocas para conectar, hacé contacto visual y contá hasta que sientas que la espuma se te baja para poder ayudarlo.
No elijas los castigos o gritos, ya que estos generan miedo e inseguridad.
No permitas que te pegue, muerda, tire el pelo o escupa, puedes sujetarle la mano y decir que no le dejas hacerlo porque tú tampoco se lo haces a él.
Cuando haya terminado su enojo es importante que estés disponible para abrazarlo, besarlo y decirle cuanto lo amas. El amor nunca malcría.
Recordá que la crianza es un camino, un proceso en donde puedes equivocarte. No es necesario que pruebes todo de una sola vez, fíjate que te funciona mejor a vos, cada familia es un universo diferente.
Con la práctica de alguna de estas sugerencias irás mejorando. Permítete ser humana, no sientas culpa si lo haces distinto o si no funciona, siempre tienes una nueva oportunidad para volver a empezar.
Con mucho Cariño Carolina Buscema.
Educadora Pikler en Formación.
Psicomotricista: Estado Defensa de Tesina
Diplomada en Crianza Respetuosa y Consciente.
Profesora de Educación Física